Ludovine de la Rochère: «Hay cuestiones que se venden como progreso y no los son»

Ludovine Dutheil de la Rochère es la imagen de uno de los grandes movimientos de resistencia cívica que existen en Europa: Le Manif pour Tous. Este movimiento nació en defensa de la familia ante la «ideología de género» y contra una ley que permite en Francia el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo. El éxito de movilización y el debate generado han llevado a algunos estudiosos en Francia a denominar este movimiento como el «Mayo del 68 conservador». Ludovine estuvo ayer en España para hablar de su experiencia en la vida pública y de cómo conseguir el éxito en la movilización, ahora que los movimientos a favor de la vida y la familia se preparan para salir a la calle el próximo 22 de noviembre en protesta por la retirada de la reforma de la ley del aborto.

–¿Qué es Le Manif pour Tous?

–Sobre todo es un movimiento social creado por ciudadanos. Se ha fundado para oponerse a una ley de matrimonio homosexual y a la adopción por parte de estas parejas. Es un movimiento que se opone, además, a la ideología de género, a la reproducción asistida y a lo que se conoce como vientre de alquiler.

–¿Cuándo nació?

–El movimiento nació en octubre de 2012 y realizó su primera manifestación en París y otras ciudades de Francia el 17 de noviembre de ese mismo año. Pronto, muchos franceses se sumaron al movimiento y, desde entonces, hemos realizado manifestaciones inmensas, históricas.

–¿Le ha sorprendió la respuesta del pueblo francés?

–No, pues teníamos la certeza de que los franceses no son favorables al matrimonio entre personas del mismo sexo y que tenían la necesidad de manifestar su opinión, de bajar a la calle. Creo que esa ley ha hecho que tomemos conciencia y digamos al Gobierno basta, no es posible. Pensamos, en particular, en los niños que tienen necesidad de un padre y una madre. Tienen derecho a ello. Dos mujeres no pueden reemplazar a un padre, ni dos hombres pueden reemplazar a una madre. Padre y madre son irremplazables y no se pueden intercambiar.

–Muchos de los que les apoyan son jóvenes, ¿no?

–La mayor parte de los voluntarios son jóvenes que estudian o trabajan. De hecho, además de apoyarnos, han promovido numerosas iniciativas como «les veilleurs», vigilantes de los poderes públicos.

–La semana que viene, Madrid acoge una gran manifestación a favor de la vida, pero también de la familia, contra el aborto.

–El aborto no es la cuestión de Le Manif pour Tous, pero éste y otros son temas que se han impuesto al pueblo sin tener en cuenta su oposición. Han conseguido dividir a los pueblos y las naciones, y esto es muy grave. En realidad, no son cuestiones novedosas y aunque se vendan como progreso, no son progreso.

–En su movimiento no existe la dualidad de izquierda y derecha.

–No es un problema de derechas o izquierdas, porque reconocer que un niño tiene derecho a un padre y a una madre no es una cuestión política. La familia es lo más próximo que tenemos. Es nuestra historia, nuestra filiación, lo que nos enseña a vivir. Es el lugar de la solidaridad, de la educación, de la dignidad. La familia es fundamental y hoy sufre grandes dificultades y, por ello, sufrimos una pérdida de sentido, una especie de depresión. El individualismo en el que vivimos hace mal a la familia, enfrenta a las personas, hace que olvidemos el bien común y nuestra responsabilidad sobre los más débiles. Pienso, en concreto, en los niños. En Francia, por tanto, continuamos nuestra batalla a favor de la familia.

–¿Es la familia el motor de la sociedad?

–Y el motor de la economía, el futuro de nuestros países. Los niños necesitan una familia estable, donde puedan vivir juntos y donde las decisiones no se tomen en función del deseo personal. Lo vemos en el matrimonio, que es algo muy importante y que tiene una perspectiva de futuro juntos, una responsabilidad del uno con el otro y de ellos con los niños.

–¿Qué diría a los ciudadanos y asociaciones que se van a manifestar el próximo 22 de noviembre en Madrid?

–Les pido coraje, porque debemos a dejar a nuestros hijos una sociedad donde puedan vivir y no una sociedad que divide a su padre y a su madre, su historia. Hoy se da prioridad a la ecología, y la prioridad de la ecología debe ser el hombre. No hay que perder más tiempo y actuar ante esta sociedad materialista e individualista. Vivimos en una sociedad del todo vale y no podemos permitirlo. Es nuestra responsabilidad como padres y profesionales intervenir en la vida pública. Porque nuestros políticos se han olvidado del bien común. Es una responsabilidad de toda la sociedad, porque los políticos no son más que un reflejo de la sociedad y de su estado de ánimo. Debemos trabajar en los medios de comunicación, en la educación, la cultura, el arte…, formarnos y debatir con respeto pero con determinación. En Francia hemos logrado algunas victorias.

– Algunos sectores les tachan de homófobos y extremistas. ¿Qué tiene que decir a estas acusaciones?

–En nuestro movimiento trabajan muchas personas homosexuales. De hecho, tenemos un portavoz que lo es. Hablamos siempre con mucho respeto. La cuestión no es la homosexualidad, sino el sentido del matrimonio y la filiación, que es padre, madre y niño. Hay grupos que dicen que somos homófobos, pero no representan al colectivo homosexual. Sólo utilizan argumentos de este tipo, intentan desacreditarnos. Nosotros somos ciudadanos pacíficos, que mostramos nuestra opinión legítima.

–Hace poco estuvo con el Papa Francisco. Él mismo dijo que no era quién para juzgar a un homosexual.

–Estoy de acuerdo. Nosotros respetamos a las personas y, por tanto, también a los homosexuales. Estoy de acuerdo con el Papa y feliz de que lo haya dicho. En cualquier caso, somos un movimiento aconfesional. En nuestras filas hay judíos, musulmanes, evangélicos, católicos, ateos… Somos un movimiento independiente.

–¿Cómo se presenta el futuro?

–Tenemos en mente seguir con nuestras acciones en la calle y en las universidades con coloquios y conferencias. Además, tenemos una gran presencia en redes sociales y seguiremos con nuestra vigilancia legislativa.

 

La Razón