“Una clínica abortista es para salir sin tu bebé, nadie pregunta si quieres hacerlo”

Después de pasar por «el trauma del aborto», Dalila se dedica a ayudar a otras madres.

El miedo atemorizó a Dalila hace diez años. Cuando descubrió que estaba embarazada temió perder todo lo que tenía. Un embarazo anterior, de su segundo hijo, ya le había frenado un ascenso en una empresa curier para la que trabajaba. Ahora con otro niño en camino, y de forma tan seguida, podría terminar en la calle. Su pareja tampoco estaba por la labor de tener más descendencia.

Así que Dalila, con 28 años, y dos hijos, uno de ellos todavía bebé, buscó en internet una clínica para abortar. «Tenía miedo de perder mi empleo y a mi pareja —recuerda—. Me sentía realmente sola, sentía que no tenía el apoyo de alguien, ni siquiera de una persona que me dijera ‘vas a salir adelante’. Mi pareja no me dio oportunidad, se negó totalmente. Aborté por él, pero no resultó porque se fue de todas formas. Y el trabajó también lo perdí poco después».

A la clínica acudió sola, con 300 euros en el bolsillo y con la esperanza de no llevar a cabo el aborto, confiesa. Sin embargo, «es un lugar preparado para que salgas sin tu bebé, en el que nadie te pregunta si quieres hacerlo. Todo es inmediato».

Aquella decisión todavía le pesa, y mucho. Conteniendo sus emociones y los recuerdos de aquellos momentos, afirma que fue una «experiencia horrible porque eres consciente de lo que está ocurriendo allí y en ese momento te pones a imaginar la cantidad de bebés que matan allí a diario y somos las madres las que lo permitimos».

«Los hijos son una bendición»

A sus 38 años, Dalila sigue sufriendo las secuelas del aborto. Por eso, quiere dar la cara y con su testimonio ayudar a muchas otrasmujeres a que pidan ayuda. «Acudir a una clínica para abortar no es la solución. Hay que pedir ayuda a organizaciones como Red Madre, o a iglesias, que ofrecen apoyo psicológico, material, médico y jurídico para tener el niño. Los hijos son una bendición y las circunstancias en la vida cambian mucho».

Ahora, Dalila acude a diario a la puerta de clínicas abortistas para intentar ayudar a otras madres a seguir adelante con sus embarazos. «El instinto de una mujer —dice— es amar al bebé._Es la soledad del miedo, el no saber afrontar las circunstancias y no tener una persona que te ofrezca ayuda lo que aboca a la mujer a este drama. Lo que quieran tus padres, tu esposo, tu pareja o quien esté en ese momento a tu lado no debería ser el detonante para que una mujer tome la decisión de abortar».

Dalila ha rehecho su vida. Se casó con su pareja y acaba de tener su tercer hijo: una niña que ahora cumple tres meses. «Estoy muy contenta. Conseguí un nuevo trabajo como teleoperadora y al poco me quedé embarazada. Pero esta vez tenía claro que no iba a pasar por lo mismo, que no iba a abortar._En cuanto se enteraron de que estabaembarazada me despidieron. Ya encontraré otro trabajo. Esta vez mi pareja sí me apoyó».

Dalila acudirá a la manifestación del próximo 14 de marzo que bajo el lema «Cada vida importa» han convocado más de 40 asociaciones en Madrid. Este acto pretende ser una defensa en favor de la vida, la mujer y la maternidad y una llamada de atención al Gobierno para que derogue la actual ley del aborto, aprobada con el anterior Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Abc.es